9 de octubre de 2018

Arrojo la totalidad de mis anclajes hacia tus centros



Arrojo la totalidad de mis anclajes hacia tus centros
como atraído por el raudal luciente de tu piel,
mi trémula natación avanza, llamándote delicia audaz,
alquería de mis proezas, orla de mi sed,
balcón donde puedo mirar el vasto fuego del alba.

He de reconocer en ti la fuente de mis pasiones,
el lecho de mis gaviotas, la desembocadura de mis mares,
Numen travieso, prodigioso, apenas visto,
he de arropar en ti el follaje de mis sueños,
la limpidez de mis acordes, el algodón de mis horas muertas.

Arrojo la totalidad de mis anclajes hacia tus centros
como atraído por el frescor ardiente de tu piel
y expongo al cielo mi pecho abierto,
sí, este bombeo de corazón vidente,
esta ínsula de sangre embelesada.

He de abalanzar en ti mis peces alados al oleaje de tu melena,
mis condecoraciones y mis alhajas al vértigo de tu lengua princesa,
porque cabes perfectamente en mis versos,
eres adecuada para sus rayos de luna y sus ecos de madera,
le das lugar a sus trenes de cadencias,
a sus embalajes de diminutas flores,
a sus trapecios y a mis ojos vendados.

Por ello estremezco,
porque sé que he de propagar en ti mi alma atónita
al retomar el juego
de tu boca desarmante.

7 de octubre de 2018

Era tu juventud juego marítimo



Era tu juventud juego marítimo, 
tu navegación de momentos excelsa e impetuosa, 
capaz de revocar toda corriente y poner a prueba 
la lozanía de la experiencia, 
la mesura del veterano.

Nadie podía pasar de largo las túrgidas invitaciones 
de tu blusa de diminutos broches, 
nadie podía evitar el pulsar indómito, el despertar de la carne.

Eran tus laderas disidentes, tu mármol de cintura, 
tu crónica tersa llamada vientre,
rosa de los vientos, cieno salvaje,
melancolía de mis poros, 
voz consistente, merecido amor, 
merecida sombra.

Era esa prisa tan desnuda, 
dándote como consigna, bravía y benigna,
sabia de la raíz al follaje, fuego inminente, 
solución de tu propio conflicto.

Soberana de mis noveles singladuras,
virabas hacia riberas de horizontes distintos 
y en la espuma jubilosa del sexo
de súbito volvías a adentrarte
al fondo del mar,
al fondo del zafiro mar,
al fondo de ti.

Ninfa de nosotros los marineros sin puerto,
en aquel recreo náutico también te preguntaste
si de tanto elevar tus anclas, rizar tus viajes, desatar tus velas,
no menospreciaste tu exagerada providencia
mientras retozaban tus venturas; 
dónde extraviaste, tras tu heroico gesto, tu brújula.

Hoy tus playas son páramos inhabitables. 

18 de abril de 2016

Experimento Uno


Trasplanté un tulipán amarillo a una pecera vacía
y lo cubrí completamente de agua. 
Ella dice que la flor se ahogará, 
yo digo que comenzará a nadar
y será un pez con hermosas aletas amarillas.





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